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Pañuelos

¿Si tejemos pañuelos de lana?
No para secar lágrimas, sino para dar calor.
Entonces, la nariz coge el pañuelo enlanado;
más que pañuelo, manta,
lo acerca al respirar
y es el calor, todo respiro-
necesario siempre.
Sí, tejamos pañuelos de lana
para las tristezas
para las caídas.

Los tejemos para la hora, ésa
cuando el corazón, hecho miguitas,
quiera ser mordido por los sueños
para ser más,
las migas en las bocas del sueño.
U otra vez tensándose en ilusión
o en cabalgata,
si, las miguitas del corazón
sueñan con ser, a contraviento, impulso/
¿por qué no, cabalgata, las miguitas, ser?

¿Y si nos volvemos pañuelos de lana?
Para el invierno,
que en días es ya primavera,
y cuando lleguen las flores,
ser más calor del necesario
para torcer el frío,
que galopa también,
inoportuno,
y no sentir soledad
y no ser soledad.

Sí, nos volvemos pañuelitos de lana
para las tristezas
para las caídas
para secarnos la pena de mundo
para estornudar la impotencia
colgar las penitas al sol
la rabia de lo que pasa
la soledad a veces
y a la derecha zampona, escupirla
y a la rancia ortodoxia, desatragantarla.

Sí, nos volvemos calor,
pañuelo ardiente,
fuego,
llamita más llamita,
armando el fogón,
para cobijar la herida que cierra
y se hace batalla.

Alcira Padín, Madrid, 2008