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Estrategias de defensa

Estrategias de defensa

Cuando llegué a Canarias, dije que no era de Senegal, dije que era de Costa de Marfil. En ese tiempo mismo, había una guerra en Costa de Marfil. Cuando llegué, se me acercó un tío, un paisano, de Cruz Roja, no sé, y me dijo “tu nombre” en mi idioma, y yo me quedé así, sin hablar… me lo dice otra vez, y yo me quedo así, me lo dice en francés y le digo mi nombre y hablamos de dónde vengo en francés y luego me dice en mi idioma “firma” y yo me quedo de nuevo así quieto, como si no entendiese nada, y dice “signé”, en francés, y firmo. Luego dice “tú eres muy listo, ya lo sé que no eres de Costa de Marfil, tú eres de Senegal” y yo me quedo así, como si no hubiera entendido, y le digo “qua?”. Hay gente a la que le pagan para averiguar de dónde somos.

Luego había una señora muy maja que me dice “ven aquí” y me empieza a hacer preguntas en francés. Le cuento que estaba allí, que vinieron los rebeldes, que ya no tengo ni padre ni madre…, ella estaba a punto de llorar, yo le decía tranquila, estoy bien, cogí un dinero que tenía para ir a Senegal, que era más tranquilo, pero en Senegal no conocía a nadie, vivía en un hotel, así que me dije “mejor voy a Europa”… Ella me dijo “tú tranquilo, vas a entrar en España, pero cuando entres, tienes que buscar a alguien que conozcas, un hermano, alguien, y tienes que ir a la policía a contarles todo, para poder tener los papeles más fácil”.

Ya en el cayuco me había estudiado cosas de Costa de Marfil, las ciudades, los presidentes… había un chico que estaba allí que había vivido en Costa de Marfil y lo sabía todo. Yo le preguntaba: “oye, ¿cómo se llama el presidente?, dime el nombre de una calle…”, y así iba estudiando. En el cayuco, hablábamos con los paisanos: “nadie puede tener nada de Senegal, si lo tiene, que lo tire”, y cada uno tiraba lo que tenía, los papeles, todo. Cada uno decía un país: “Gambia…”. Uno decía: “yo voy a decir Senegal”, y todos: “no, di otro país, no digas Senegal, si no, no entramos en España”, y había una discusión muy fuerte.

Y también yo seguí aquí, un día que estuve en el calabozo, les dije “soy de Costa de Marfil”. Cuando estuve en la cárcel por vender en la manta también. Vinieron de extranjería para expulsarme y yo dije que era de Costa de Marfil. Y vino Maria José, una chica de la seguridad social, para investigar, y me dijo “tú seguro que no vives en este país. Por favor, dime de dónde eres, no se lo voy a decir a nadie”, y yo le dije: “yo vivo aquí, si quieres apuntarlo, bien, si no, también”. Y me dice: “¿tú tienes familia?”. Y le dije “no tengo padre, pero tengo madre”. Y me dice: “¿la llamas?”, y le digo “no”. “¿Y le escribes cartas?”. “No”. Y ahí me dice: “tú seguro que no vives en este país”. El tiempo que estuve en la cárcel ni llamé ni escribí ni nada, hasta los nueve meses, que ya me quedaba poco. Pero durante nueve meses, sólo llamaba a aquí, a África no. Porque si llamas a África, van a saber de qué país eres, o si escribes una carta, ahí van a controlar todo. Cuando estaba dentro, decía: “no, yo estoy aquí sin familia”; “¿dónde está tu padre?”, “no, está muerto”. Cuando salí y le conté a mi padre, se puso a reír.

Este tipo de viaje es muy duro, porque cuando me vine ni mi padre ni mi madre sabían que iba a venir. Cuando mi madre se enteró, no paraba de llorar. Y pasé casi 10 días sin llamar, ella pensaba que estaba muerto. Y cuando llamé, joder. A mí padre le daba igual. Ahí me di cuenta de que las madres son las mejores. Estaba muy preocupada: “¿por qué haces esto?, ¿por qué te vas…?”; “pues porque siempre estoy ahí, tú tienes problemas y yo no puedo hacer nada”. Y por eso. Soy el mayor, tengo siete hermanos.

Visto y oído.
Invierno de 2011.