Pages Navigation Menu

La atrevida

La atrevida

Cuando te dabas cuenta, ya llevaba por allí un buen rato, con su cuerpo huesudo y sus gestos suaves. Había incluso quienes no llegaban a percatarse de si estaba o no, hacía o deshacía. Debe ser porque nunca ocupaba el centro. Y no era por timidez o miedo al ridículo. De hecho, no era por nada en particular: sencillamente, los grandes focos que a todos atraían, a ella no le llamaban la atención en absoluto.

Andaba siempre de aquí para allá, trajinando sin parar, con éste y aquel, haciendo de los bordes, puntos múltiples de acción y afección. Era difícil seguirle la pista, sino fuera porque, en cada hacer, dejaba su huella indeleble: en el quicio entre el desastre y la improvisación, algo hermoso y singular emergía.

Nunca seguía la corriente: tenía lo que se dice ideas propias, o más bien empeños propios. Pero no del tipo que llevan a la terquedad o a la confrontación. La atrevida no necesitaba enfrentarse con nadie para defender sus intuiciones y búsquedas. Le bastaba con sostenerlas con una persistente fidelidad en la práctica.

Los que más la querían, que eran muchos, decían que habitaba más de un cuerpo. Y es que se tomaba muy en serio las alianzas: hasta el punto de vibrar y temblar con ellas. Por eso mismo, era de las que se quedaba.

Leave a Comment

Your email address will not be published.

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>