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La maestra ignorante

La maestra ignorante

La maestra ignorante quería ser maestra porque quería aprender. Pero eso no lo supo hasta mucho tiempo más tarde. Antes pasó años sumergida entre libros, profesores y congresos, dando clases con miedos por no manejar el lenguaje impenetrable o las teorías académicas de moda. Se esforzó por entrenarse para estar a la altura.

Pero un día se dio cuenta que todo esto no eran más que envoltorios. Fue cuando cayó en sus manos un librito que contaba la historia de un profesor que fue capaz de enseñar en pocos meses francés a sus alumnos holandeses, sin hablar él una sola palabra de holandés. Demostraba que era posible enseñar lo que uno ignora si se es capaz de impulsar al otro a utilizar su propia inteligencia. Porque, en realidad, todas las inteligencias son iguales, independientemente del saber que se posea.

Los que piensan que saben más que otros es porque seguramente no han comprendido nada. La maestra ignorante quería enseñar sin transmitir conocimiento, sin valerse de envoltorios que sólo sirven para generar jerarquías. Quería enseñar a aprender. Y en el camino, aprender día a día de todos los que la acompañaban. Que ya no eran sus alumnos o los sujetos de sus investigaciones, sino otros tantos maestros. Iguales.